La Conspiración de la Heredera
Prólogo
Era una noche
fría y oscura, cuando dos jóvenes corrían a través de la nieve sin mirar atrás;
aguantando la respiración y con el corazón a punto de salir. Estaban cansados y
adoloridos, pero no podían detenerse.
Debían
continuar, debían escapar.
—No te
dejaré—prometió él por enésima vez. Luego, cogió su arma y se dispuso a
disparar.
Entonces,
ella lo besó.
Fue un beso
lento y profundo, que dejó a ambos sin aliento, pero lo suficiente como para
dejarlo atónito. Le arrebató el arma y se echó a correr en dirección opuesta.
—¡No! —gritó,
pero ya no podía escucharlo.
Avanzaba
hacia ellos, hacia el enemigo.
—¡Suelten sus
armas! —ordenó. Los seis guardias que estaban tras sus pasos se volvieron
súbitamente y apuntaron hacia ella.
Todo había
acabado. Ya no podía dar marcha atrás.
Había
fracasado.
Alzó el arma
y se enfrentó a su destino.
Jamás había
querido aprender a disparar, ni siquiera para cazar. Ahora su vida dependía de
ello. Se aferró al arma con fuerza y contuvo la respiración.
No podía
permitirse fallar. No, no esta vez.
—¡Alto! —dijo
uno de los guardias, dando un paso adelante.
Era el
general. La mano derecha de su padre.
—Lynne, por
favor. Detente —le suplicó—, ¿quieres acabar como tu madre? El rey tenía muy
buenas expectativas sobre ti, ahora lo has desilusionado por completo. —El
general sacudió la cabeza a la vez que dejaba entrever una media sonrisa.
—Esa cosa no
es mi padre —gritó y apretó el gatillo sin más.
Dos segundos
después, Lynne corría a toda velocidad sin percatarse de lo que había a su
alrededor y la sangre que emanaba de su
costado. La desesperación por alejarse e huir de allí, la mantenía en pie. Y,
cada instante que pasaba, su respiración se acortaba. Tenía que curarse la
herida. Pero no podía parar. Había hecho una promesa.
«No puedes
dejar que él te toque. Encuentra una forma de salir de aquí. Confía en Finn,
confía en él», recordó las palabras de su madre y una pequeña lágrima recorrió
su mejilla. ¿Qué demonios estaba pensando cuando le arrebató el arma? Finn
sabía luchar, sabía defenderse. Pero, no quería perderlo. Lo amaba demasiado.
Pensó en
todas las veces que había deseado huir con él. En lo mucho que quería formar una familia; casarse, tener
hijos, y sobretodo vivir una vida normal. No obstante, aquello era un simple
sueño egoísta. Nunca estarían a salvo. Tarde o temprano, los encontrarían. Su
madre siempre le había dicho que huyera, pero sabía que eso no era una
solución. No quería perder nadie más. No sería capaz de aceptarlo.
Apretó los
puños y dio media vuelta.
«No dejaré
que nadie más muera», murmuró.
Entonces, sus
piernas flanquearon y se desvaneció en la nieve.
Muchas gracias a todos por pasarse por el blog, espero y les guste la historia *-*